Noemí, una pequeña que desde muy temprana edad había tenido grandes dificultades para ver, recibió un milagro que cambió su vida para siempre. Sus padres habían notado cómo le costaba reconocer rostros, leer o jugar como otros niños de su edad, y su visión limitada era una carga diaria.
En un momento de oración y encuentro con la presencia de Dios, el Espíritu Santo obró con poder sobre sus ojos. De manera sobrenatural, su vista fue restaurada y Noemí comenzó a ver con claridad. Aquello que antes estaba nublado se volvió nítido, y sus ojitos brillaron con la alegría de un nuevo comienzo.
Hoy, Noemí puede disfrutar de su infancia plenamente: leer, correr, jugar y descubrir el mundo con una mirada renovada. Su testimonio es evidencia viva de que Jesús sigue sanando y que para Él no hay nada imposible. ✨👀🙏


